Relatos


CARTA SIN DESTINO

Te extraño en la cocina..sobre todo, porque no se calcular comida para una sola persona.
Una se acostumbra a todo, a las medidas, a los dos platos; las dos cucharas; los dos cepillos de dientes y ahora...no sé si poner la pasta en el vaso, para que mi cepillo no se encuentre tan solo.
Lo de la cama, al principio fue peor, porque compramos las almohadas distintas, la mía dura..la tuya blanda.., te llevaste la dura por error y me ha costado mucho dormir estas primeras noches...quitándola, poniéndola.
Al volverme de lado, intentaba coger tu mano, encontrar tu cadera para apoyarla en la mía y entonces, me daba cuenta de que no estabas...encendía la luz, para cerciorarme y tomaba el mismo libro, con el que intenté dormirme a las once de la noche, ahora a las cuatro de la madrugada.
Te tengo que llamar y no me atrevo...porque no quiero que pienses...que creas...
Tengo que hablar contigo porque te has dejado la manta de tu abuela, esa sin la que no sabes dormir...el invierno está entrando y sé muy bien que si no te aferras a ella, te costará conciliar el sueño.
Tengo que llamar al fontanero...si, el grifo que apretaste, sigue perdiendo...claro, pese a todo, tú no tienes la fuerza de un hombre...
Hoy hace un mes que me dejaste....en la factura del teléfono están las llamadas que le hiciste a ella.




EL LIBRO TRISTE

Era un libro triste, porque nadie lo pedía, aguardaba una voz humana que dijese su nombre o el de su autor,
pero pasaron los años y no sucedió.
Se acostumbró a estar en la última estantería, a decir "adios" a libros mucho más nuevos, escritos por autores más jóvenes
que su creador.
En el fondo se alegraba, se había acostumbrado al olor
de aquel recinto plagado de hijos de la imprenta.
No protestó cuando el polvo se fue acumulando sobre su lomo marrón que poco a poco se fué volviendo gris.
Tampoco lo hizo, cuando lo colocaron en aquel cesto frente a la entrada, con el letrero de "Oportunidades"
Durante un tiempo, tuvo el placer de sentir el roce de muchas manos, que musitaban su nombre y ojeaban su interior, no sin un cierto rubor por su parte, porque, era como si le desnudasen,
sin prestarle atención.
Había perdido toda esperanza abandonado en el fondo del cesto,
entre cuatro colegas de auto-ayuda, y uno de cocina libanesa cuando unas jóvenes manos le tomaron con cuidado y su voz le sonó a música.
-¿Y este libro también cuesta un euro?
-Si ya sólo me quedan esos, se los puede llevar todos por cuatro euros.
-No, gracias, sólo me interesa éste.
A punto estuvo de que se le saltaran las tapas, tanta fue su emoción, que no podía creer que le envolvieran en aquel papel, para salir definitivamente de la librería.
Luego escuchó a su nuevo dueño hablar por teléfono con alguien,
-Montse, ¿Recuerdas aquel libro de poesía que no encontrábamos por ninguna parte porque estaba descatalogado? Si el que nos mencionó tantas veces que fue su primer poemario...
¡Lo acabo de encontrar en una librería de viejo y sólo me ha costado un euro! ¿Te lo puedes creer?
Mañana se lo regalaremos al profesor, estará loco de contento.

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